
| | El niño no tiene los recursos que tiene el adulto para decir qué le pasa o cómo le pasan las cosas, él no es capaz de explicar muchos sucesos de los que vive y a los que está expuesto en el mundo adulto, pero si tiene formas y expresiones de hacerlo saber. Un niño puede tener depresión, pero aún así, mostrarse violento, irritable o distraído. Nada diría esto de su sufrimiento, por lo que pasa tan fácilmente inadvertido para padres, maestros y terapeutas. Con todo, se conserva una fuerte tendencia a banalizar los síntomas y el sufrimiento emocional del niño, sólo por el simple hecho de verlo como un niño al que nada le afecta, a veces en nuestras conversaciones podemos decirles que no tienen otra cosa que hacer que estudiar, que la infancia es un chollo, que menuda suerte etc, ojo.
Es importante no reírse de las preocupaciones del niño, saber escucharle, pararse y sentarse a escuchar. Observar si hay un cambio de conducta, no castigar por norma cuando se vea agresivo o enfadado, la rabia siempre tiene otras emociones tras de si, y en los niños y adolescentes la agresividad puede significar depresión. ::continuar leyendo...» |